Ver a un grupo en directo te da una perspectiva completa (y real) del mismo. En general, para poder tener una opinión fundada sobre las virtudes y los defectos de una banda, no basta con escuchar sus discos, sino que es imprescindible seguir sus evoluciones durante los 90 minutos que dura un show. Es en directo cuando los grupos muestran su verdadera esencia.
¿Por qué digo
esto? Por la sencilla razón de que Band of Horses ofrecieron el pasado
miércoles en Barcelona un concierto que en poco se pareció a la idea que yo tenía
sobre la banda y su sonido. No estoy diciendo que no fuese un buen concierto, ni
tampoco que no me gustase... pero la realidad es que yo pensaba que iba a ver una
cosa y me encontré con otra completamente distinta. Pensaba que iba a ver a un
grupo con un altísimo grado de sofisticación en su música, con melodías suaves,
delicadas, envolventes y me encontré con una banda de rock de raíz americana, con
un sonido contundente y directo. Mientras en el estudio canciones como 'The
first song', 'Ode to LRC' o 'Factory' (por citar una de cada disco) suenan vaporosas
y etéreas, en vivo se vuelven crudas y rocosas, dejan de ser caricias para
convertirse en puñetazos, golpeándote en los morros con toda la fuerza de sus
guitarras.
Band of
Horses gana cuanto más sutil y recogida es la canción, es ahí cuando su música
se vuelve especial y auténtica, pero en directo sacrifican la belleza de los arreglos, la floritura de
los coros y de los efectos de estudio, para sacar a relucir otras cualidades:
música sin edulcorantes ni artificios, barriendo cualquier etiqueta de un
plumazo. La pisada profunda del rock ejecutado con sudor, mucha fe, dedicación
y oficio.
Con el cartel
de sold-out colgado desde hacía varias semanas y en una de las primeras etapas
de una gira europea que habían empezado en Inglaterra pocos días antes, la
banda liderada por Ben Bridwell presentaba su tercer disco de estudio,
'Infinite arms', un trabajo aplaudido por el público pero mal recibido por
parte de la crítica especializada. 11 canciones que conformaban lo que para
Bridwell significaba el "primer disco verdadero" de Band of Horses, ya que todos los miembros del grupo, sin
excepción, se habían involucrado en el proceso de creación del mismo, desde la
composición hasta la producción.
Al filo de
las diez de la noche la banda salía al escenario de la Sala Apolo para
interpretar 'For Annabelle' casi a modo de intro, como si estuviesen engrasando
la maquinaria, como invitando al público a que pasara y se pusiera cómodo para,
pocos minutos después, poner toda su artillería rockera en funcionamiento y desplegar
un sonido mucho más contundente, enlazando casi sin solución de continuidad 'NW
Apt.', 'Islands on the coast' y 'The Great Salt Lake', decibelios en estado de
excitación (mal) acompañados por un sonido pésimo en el primer tercio de la
actuación.
Muchas veces
me he preguntado por qué ocurre esto tan a menudo en los conciertos. ¿Tan complicado
es conseguir un buen sonido desde el
minuto uno? ¿Tan difícil es conseguir que 5 instrumentos y 3 voces suenen equilibrados?
En el pasado había asistido a shows que, habiendo podido ser redondos, no lo
fueron precisamente por el mal sonido... y durante un buen rato temí que eso
mismo ocurriese aquí.
Una de las
cualidades de Band of Horses es lo magníficamente bien que empastan las voces
de Bridwell y Ramsey, las armonías tan bellas que surgen de esa conjunción
vocal, siempre con el frontman asumiendo el peso de la melodía y con el
guitarrista sumando su voz en estrofas y estribillos. Únicamente cuando
Bridwell busca registros muy altos, cuando sube mucho el tono, pierde esa
finura y se le quiebra la voz. Más o menos a mitad del concierto intercambiaron
sus papeles de protagonista y secundario y fue Ramsey quien cantó 'Older', esa
fantástica joya de country-pop compuesta íntegramente por él, acompañado por
Bridwell en los coros. En ocasiones, Matt Brooke se sumaba también a ese
recital vocal y demostraba ser tan buen cantante como guitarrista, porque si
una cosa quedó clara esa noche es que parte del secreto del sonido del grupo
sale de sus dedos y de esa forma tan personal de tocar la guitarra.
Me gustaría
destacar también, como simple curiosidad, lo extraño del aspecto y los
movimientos en el escenario del bajista de la banda. Demostró solvencia con su
instrumento, sobre todo en 'The general specific', con una línea de bajo de
notable complejidad, pero parecía un ser venido de no se muy bien qué otra
parte, un territorio más cercano al heavy metal que al rock, un sitio en el que
hay gente con camisas de tirantes y grandes bigotes, que poco tenía que ver con
el resto del grupo.
El sonido fue
mejorando notablemente a medida que avanzaba el concierto y el público, callado
y frío al principio, como si la cosa no fuera con ellos (algo bastante habitual
en el público barcelonés) consiguió engancharse definitivamente al mismo con 'The
funeral', la última canción del set.
Los bises
fueron, por este orden, 'Part one', ´Weed party' y 'Is there a ghost'. Al final
de este último tema, cuando el concierto llegaba a su fin, la guitarra de Ben
Bridwell falló y el frontman, cansado de luchar contra los elementos y harto de
la situación, la dejó en el suelo y saltó hacia las primeras filas para
fundirse con sus fans y provocar la locura general. El momento de mayor
apoteosis del concierto había sido, paradójicamente, el punto y final del
mismo...
Haciendo un
recuento nada más acabar el concierto de todos los temas tocados por el grupo
me di cuenta de que, en contra de lo que suele ser habitual cuando una banda
presenta un disco, el grupo había repartido el setlist entre sus tres álbumes
con una perfección aritmética, tocando siete canciones de cada uno de ellos: Band
of Horses están orgullosos de su discografía y no se molestan en disimularlo.
Fue un
muy buen concierto y en esa línea se
movían todos los comentarios y conversaciones que cacé al vuelo a medida que
abandonábamos la sala. Sin embargo, caminando esa noche en dirección a casa,
seguía con una extraña sensación en el paladar: yo pensaba que había ido a la Sala Apolo a degustar un
delicioso pescado con salsa a las finas hierbas y, en lugar de eso y de manera inesperada, me encontré con una
fantástica carne a la brasa poco hecha.
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